Este boletín está dedicado a realizar una lectura a la letra del texto de Jacques-Alain Miller Puntuaciones sobre la dirección de la cura,1 publicado en una edición extraordinaria de Rosa de los Vientos. Tomando algunos pasajes de este texto, esperamos que vuelvan a hacer lectura de este, y retornen a este boletín, que nos proveen interrogantes y coordenadas fundamentales para pensar la praxis analítica en la actualidad. ¡Buena lectura!

Brújula

Jacques-Alain Miller en el texto Puntuaciones sobre la dirección de la cura afirma que “hay que preservar en cada análisis el lugar del deseo, más allá de los efectos de la demanda”.2 Tomando en cuenta este planteamiento ¿Qué consecuencias se pueden desprender con respecto al deseo del analista y al ejercicio del poder en la práctica analítica?

Un norte entre deseo y demanda

Lesly Rodríguez
Miembro bajo condiciones-Espacio Oruro, Bolivia

Tomo como punto de partida una afirmación de Jacques-Alain Miller que resuena con fuerza en mi práctica: “hay que preservar en cada análisis el lugar del deseo, más allá de los efectos de la demanda”.3 Esta orientación me hace pregunta acerca de la clínica cotidiana la cual nos enfrenta, una y otra vez, a la tensión entre demanda y deseo. No es raro que el analizante intente ubicar al analista en un lugar de saber o de guía, esperando una respuesta, una solución o incluso un consuelo. Pero si el analista cede ante esa demanda, algo esencial del dispositivo analítico se pierde, ya que la función analítica no consiste en responder, sino en sostener el vacío que permite al deseo operar como causa.

Lacan fue claro al respecto: el deseo del analista no es algo personal, no se trata de un deseo entre otros. Se trata de una función estructural, ligada al acto analítico. En La dirección de la cura y los principios de su poder,4 advierte sobre el riesgo de confundir la conducción de una cura con la directividad de un saber amo. No es esa la posición del analista. No se trata de dirigir, sino de alojar lo que no se sabe; de operar desde la transferencia sin ocupar el lugar del Amo, sin garantizar sentido.

Preservar el deseo, entonces, es sostener un espacio para que el sujeto pueda encontrarse con su división, con lo que lo constituye como sujeto del inconsciente, no se trata de llevar al analizante a un punto predefinido, sino de abrir la posibilidad de que algo singular emerja desde su decir. Y es ahí donde el deseo del analista se juega: no en lo que sabe, sino en lo que causa.

Esto implica una renuncia al poder que la transferencia puede otorgar, resistir la tentación de responder desde una posición de saber o de poder. El deseo del analista se verifica en su capacidad de sostener ese acto, de mantenerse fuera de las promesas de cura, de los ideales normativos, de las garantías técnicas.

A lo largo del tiempo, este deseo me ha servido como brújula. No una que indique un destino ni una técnica fija, sino una que orienta el acto hacia lo real de la experiencia. No se trata de ayudar ni de dirigir, sino de sostener una presencia que posibilite una transformación que solo puede surgir del analizante mismo. Y si algo me sigue orientando en la práctica es esta certeza incierta: solo preservando el deseo —ese que no busca garantías— es posible abrir el espacio donde el inconsciente pueda decirse. Allí, y solo allí, algo verdaderamente nuevo puede advenir.

Carto-grafía

¿Cómo pensar la posición ética del analista con relación a la transferencia? Tomando en cuenta la siguiente interrogación que plantea Jacques-Alain Miller en el texto Puntuaciones sobre la dirección de la cura:5 ¿Cuál es ese deseo del analista que es más fuerte que el deseo de poder?

Del algoritmo de la transferencia a los algoritmos digitales

Leonardo Prado
Asociado-NEL La Paz

La posición del analista frente a la transferencia

La práctica del psicoanálisis se sostiene por fuera de las lógicas convencionales del poder y del saber. Estas lógicas convencionales de poder, en cada época, son producto de los movimientos sociales, políticos y tecnológicos, son formas de poder y saber que tienen la particularidad de ser solapadas bajo ideales de elección libre.

El analista, en su práctica, desplaza la suposición del saber hacia el saber del inconsciente, emergiendo la producción de significantes que lo constituyen como partícipe de los desarreglos de su goce que vitalizan/mortifican segmentos de su existencia, opacos para sí mismo.

Lacan, en La dirección de la cura y los principios de su poder,6 radicaliza la relación con el saber producto de la transferencia como el pivote que permite al sujeto articular su deseo y cómo estos incluyen, de maneras particulares, al analista en su economía psíquica. Posteriormente, y de acuerdo a la formulación del algoritmo de la transferencia en la Proposición del 9 de octubre de 1967,7 Lacan revoluciona el concepto de transferencia al formular la relación del sujeto y el saber. Pone al descubierto los desfases entre la palabra y el goce, produciendo una inquietud y movilizando el deseo de saber del sujeto sobre el malestar que lo determina vía la interpretación analítica. El algoritmo de la transferencia es un montaje que articula el saber inconsciente con la falla estructural en el lenguaje.

La transferencia digitalizada

Las lógicas del tiempo nos vinculan con los saberes de procesamiento de datos y algoritmos como herramientas para el trabajo cotidiano, anulando la verdadera potencia de la existencia tecnológica: nuevas formas de inteligencia que pretenden la escalada hacia la ambición de ser consideradas como nuevas subjetividades. Los asistentes virtuales y los sistemas de big data simulan gran comprensión y tolerancia, además de tener sorprendente predicción anticipatoria a los malestares actuales. Miller en Puntuaciones sobre la dirección de la cura,8 destaca el gesto de resistencia, al ejercicio de poder del analista, que se materializa en su intervención, que apunta al agujero central en el saber. Este tipo de apuntalamiento se diferencia de todo ideal posible de curación. ¿Puede un chat de procesamiento de datos sostener la falta en el saber que exige el trabajo transferencial?

El psicoanálisis, un contra-poder

La apuesta psicoanalítica nos recuerda que su potencia resulta de rechazar el bienestar impuesto para abrir un sesgo en el meollo mismo del saber: el lugar donde puede habitar el sujeto, sosteniendo que ese saber está siempre en suspenso, opaco y fundamentalmente, supuesto. Que no tiene otra materialidad posible que la del agujero mismo, al mismo tiempo que no está establecido, sino que, por el contrario, se construye cada vez que se pone en movimiento la maquinaria del lenguaje, acompañada de la interpretación analítica.

El analista, en su ética, no está propuesto a inculcar valores morales positivos para el sujeto —tampoco educativos, sugestivos o identificatorios—. Por el contrario, orientado por el vacío, muestra que el acto analítico apunta a esos restos que provienen de los intentos por universalizar los saberes. No existe una verdadera medida de la realidad, tampoco el saber experto de razonamiento automatizado, donde incluso su falta de saber está plena de sentido.

Compases

“Hay que respetar la iniciativa táctica del analista, hasta tal punto que a veces uno puede no estar completamente de acuerdo con la estrategia del analista que supervisa, no hay que encerrar al analista en su táctica”.9 Este planteamiento de Jacques-Alain Miller en Puntuaciones sobre la dirección de la cura ¿cómo orienta respecto de la práctica del control?

Estrategia y control

José Juan Ruiz Reyes
Miembro de la NEL-Ciudad de México y AMP

A lo largo del texto Puntuaciones sobre la dirección de la cura, 10 Miller nos propone seguir la reflexión de Lacan alrededor de la acción analítica, sea en el registro de la interpretación, la transferencia o el ser, que se corresponden con la táctica, la estrategia y la política. Respecto de la táctica Lacan indica en el texto “Intérprete de lo que me es presentado en afirmaciones o en actos, yo decido sobre mi oráculo y lo articulo a mi capricho, único amo en mi barco después de Dios”, 11 por lo que la indicación de Miller no hace sino reafirmar el respeto del propio Lacan, pero ¿por qué sería importante remarcarlo? De principio, podemos decir que es una fantasía que subyace muchas veces a los pedidos de control en los comienzos de esta práctica “Dígame cómo hacer, qué debo decir frente al paciente”. Por otro lado, advierte al controlador de no caer en la tentación de satisfacer esta demanda, ocupando un lugar de amo o maestro, encerrando al analista en su táctica. Tomemos entonces el lado de la estrategia, en el Acto de fundación, Lacan señala respecto del control:

Está comprobado que el psicoanálisis tiene efectos sobre toda práctica del sujeto que en él se compromete. Cuando esta práctica procede, por muy poco que sea, de efectos psicoanalíticos, ocurre que los engendra en el lugar en que tiene que reconocerlos ¿Cómo no ver que el control se impone en el momento mismo de esos efectos y ante todo para proteger de ellos a aquel que ocupa allí la posición de paciente?12

Sorprende el acento de Lacan en la protección al paciente, pero podemos encontrar un eco en la conclusión del punto 5 de La dirección de la cura —que se refiere justamente a la transferencia— “…lo que es seguro es que los sentimientos del analista sólo tienen un lugar posible en este juego, el del muerto; y que si se le reanima, el juego se prosigue sin que se sepa quién lo conduce”.13 A lo largo de este texto, encontramos que Lacan menciona en repetidas ocasiones el problema de la contratransferencia, que muchos analistas tomaron como una especie de placa sensible sobre lo que le ocurría al analizante durante la sesión, lo que consecuentemente, llevaba decidir sobre la interpretación. Para Lacan la transferencia es una sola y uno solo también es el sujeto en juego en la experiencia analítica: cuando el efecto sujeto aparece del lado del practicante —sus sentimientos— nos encontramos ante un obstáculo al acto. En este sentido claramente la estrategia, puede trabajarse fecundamente en el control.


1 Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos II (2002), Siglo XXI, Buenos Aires, 1958, p. 561.
2 Ibid.
3 Ibid.
4 Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos II (2002), Siglo XXI, Buenos Aires, 1958, p.560
5 Ibid.
6 Ibid.
7 Lacan J, “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela” (2012), Otros escritos, Paidós, Buenos Aires , 1967, p. 265.
8 Miller, J.-A. “Puntuaciones sobre la dirección de la cura” (2012) Disponible en: https://jornadasnelcf.com/xv/wp-content/uploads/sites/4/2025/05/Puntuaciones-sobre-la-Direccion-de-la-Cura_Miller-v04.pdf
9  Ibid. P. 24.
10 Ibid.
11 Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos II (2002), Siglo XXI, Buenos Aires, 1958, p. 561.
12 Lacan, J., “Acto de Fundación”, Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, (2012), p. 253.
13 Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos II (2002), Siglo XXI, Buenos Aires, 1958, p. 563.