Brújula

Lacan opone dirección de la cura al ejercicio de un poder ¿Cómo leer hoy la afirmación de Lacan cuando dice: “Pretendemos mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis se reduce al ejercicio de un poder”?

Rosana Fautsch

Asociada NEL-Ciudad de México

En la política, el analista, paga con lo que hay de esencial en su juicio más íntimo. El acto analítico viene al lugar de la teoría de la acción. La dirección de la cura “es el testimonio de un analista que trata de pensar lo que hace en su práctica, sin prejuicios, en su autenticidad”1, en palabras de J.A- Miller.

La estructura de dicha acción en tres registros: la táctica, la interpretación, la estrategia para la transferencia y la política del ser o la falta en ser. En cada una de las coordenadas de la doctrina de la acción, hay los principios que Lacan esclarece en ese punto de su enseñanza y son una brújula preciosa para orientarnos en el deseo de análisis, en el deseo de formación, y en el deseo de control.

Lacan opone la dirección de la cura, al ejercicio de un poder, ¿cómo leer esta afirmación? Si partimos de las palabras de Lacan: sostener auténticamente una praxis. Una clave de lectura que encontramos en Las puntuaciones esclarece la oposición, de un lado, el ejercicio del poder, del otro lado, la autenticidad de la praxis analítica, esto es, la verdad. Lacan en ese momento sitúa la autenticidad de la práctica del lado de la verdad, de la asociación libre, del deseo del analista. No hace de su acción ningún ideal.

La complejidad de lo que Lacan quiere esclarecer con esta oposición encuentra una formulación en El reverso del psicoanálisis2, varios años después, en la elaboración de los cuatro discursos. El discurso analítico subvierte el discurso del amo, también llamado del inconsciente. Allí el analista se encuentra en la posición de semblante de objeto, induce la división que hace producir en un análisis los S1 que determinan al sujeto. Se trata de apartar al sujeto de los significantes amo que lo determinan y aprehender el goce que conlleva la utilización de esos significantes. El discurso analítico escribe lo que es el fundamento de la realidad misma, es el único que no busca la dominación. Especialmente pone en acto la dignidad de un lazo.

Carto-grafía

Tomando en consideración lo que plantea Lacan en La dirección de la cura y los principios de su poder, con relación a la actualidad de la transferencia ¿Cómo pensar la transferencia sin el sujeto supuesto saber, es decir, la transferencia en una época donde hay un rechazo al inconsciente?

Zindy Valencia

Miembro bajo condiciones – NEL-Lima

Solemos hablar del rechazo al inconsciente que hay en la época y la dificultad que tienen los pacientes para constituir el sujeto supuesto saber; pero me pregunto si en el análisis esto ha sido más sencillo antes o ¿por qué entonces Freud hablaba tanto de las resistencias? Por su parte, Lacan, decía que las resistencias son del analista, ya que sería este quien tendría que maniobrar con las vicisitudes del análisis.

En el ser hablante el rechazo al inconsciente es constitutivo, por lo que en el análisis se crean las condiciones necesarias para favorecer las formaciones del inconsciente; y, dependiendo de cómo se piense la interpretación, la transferencia y la política de la cura, tendremos o no psicoanálisis.

Una de las cuestiones que más nos concierne como psicoanalistas, es el manejo de la transferencia, y cuando esta surge en su vertiente libidinal, ¿qué hace un psicoanalista? Cuando –como dice Lacan en “La dirección de la cura…”– experimente la transferencia como “el asombro del efecto menos esperado de una relación entre dos que fuese como las otras”3. No interesa cuánto anticipemos la aparición de la transferencia y la instalación del sujeto supuesto saber, cuando emerge en su vertiente libidinal de manera espontánea en el paciente, tiene más de estupor que de chocolates.

Esta transferencia afecta tanto al analizante, como al psicoanalista, quien paga con su persona, se presta como soporte de los fenómenos transferenciales y maniobra con ellos; no los reeduca, ni los reduce a la relación imaginaria. Es a partir de su interpretación como el psicoanalista puede reenviar la transferencia al lugar de su causa: el inconsciente. No hay interés por el propio inconsciente sin transferencia y no hay transferencia sin alguien que la suscite. El interés por el propio inconsciente no es evidente, por lo contrario, lo habitual es la represión.

Es el dispositivo analítico el que, con un delicado forzamiento, se presta para dar destino a lo excluido. Quizás, abriendo el espacio para hablar libremente, se abre también la posibilidad de transferir ahí los rasgos más íntimos de la persona. Se trataría no solamente de un consultorio abierto, sino, además, de alguien que no se espante cuando la transferencia en su dimensión libidinal haga también su entrada.

Compases

¿Existe una relación entre dirección de la cura y fin de análisis, y en este sentido qué consecuencias para la interpretación?

Clara María Holguín, AME, Miembro de la NEL-Bogotá y de la AMP


1 Miller, J.-A. “Puntuaciones sobre la Dirección de la cura” (1992), Conferencias Porteñas, Tomo 2, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 177.
2 Lacan, J. “El reverso del psicoanálisis” (1969-1970), Tomo XVII, Paidós, Buenos Aires, 2010.
3 Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), Escritos 2, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2013, p. 562.