“Rosa de los vientos”, Boletín XV Jornadas de la NEL
Brújula
Lacan en el texto La dirección de la cura y los principios de su poder nos provoca con esta afirmación “Hay que tomar el deseo a la letra”. Pablo ¿Cuál es el alcance de esta frase en relación con la formación del analista?
Hay que tomar el deseo a la letra
Pablo Reyes
Miembro NEL-Santiago de Chile y AMP
“Hay que tomar el deseo a la letra”1 dijo Jacques Lacan. No obstante ¿cómo hacerlo? Si tomamos al objeto a como causa del deseo, no podemos desconocer que lo que permite tomar el deseo a la letra no es otra cosa más que el duelo del analista2.
Para llegar a esta experiencia en un análisis, el sujeto debe iniciarse y participar de las vueltas de los discursos, hasta llegar al discurso analítico. Las transformaciones de los discursos dependen del decir del analista. Situado inicialmente desde la escucha del significante, logrará el trabajo de la letra gracias a la extracción y sustracción del sentido del dicho analizante. Este trabajo interpretativo vincula dos aproximaciones a la letra: entre lógica y poesía.
La perspectiva lógica de la letra permite llevar a cabo un trabajo de transformación y combinación más allá del significante necesario en un análisis. Pero no basta con él, ya que el análisis se homologaría al discurso matemático-histérico que desconoce su causa3. La aproximación poética nos asiste en esta labor, ya que permite operar con el significante en los contornos del vacío4 que configura el objeto a. Así, para incluir la causa, es necesario leer en la letra y el deseo anudados sobre el telón de fondo de un vacío, es decir, leerlos como respuesta a lo real del psicoanálisis: la ausencia de relación sexual.
¿A qué experiencia de decir nos llevaría el duelo del analista? Nos lleva al “decir de Freud” que “se infiere de la lógica que toma como fuente los dichos inconscientes”5. ¿Qué es este decir? No es más que el medio-decir inconsciente que se localiza desde una hiancia, una fractura irresoluble del deseo sólo bordeada por la letra.
De ahí que el decir en todos los discursos, incluido el discurso analítico, no es libre, ya que es subsidiario de lo real, de la inexistencia de la relación sexual. Sobre este punto me detengo, ya que aquí la letra y el deseo se encuentran como el derecho y el revés de la misma cosa: una respuesta a lo real de la no relación sexual.
Carto-grafía
Dejándonos guiar por el argumento de las Jornadas. Este nos propone una afirmación de Lacan que encontramos en el Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, allí nos dice “La transferencia es la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente”, Miguel ¿Cuál sería tu lectura alrededor de esta frase que nos orienta en nuestra práctica cada vez?
La transferencia es la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente
Miguel De la Rosa García
Miembro bajo condiciones-Guayaquil
Lacan en el Seminario 11 nos plantea una dimensión del inconsciente que remite a la estructura de una zona erógena, pulsátil: este se abre y se cierra. El Sujeto supuesto al Saber, en tanto pivote de la transferencia, posibilita su apertura. El SsS al ser efecto de la articulación significante es una suposición, carente de sustancia y existencia, lo cual lo ubica de lado del vacío. Lo que existe es el síntoma y su cara pulsional. Sin el encuentro con la presencia y deseo del analista no hay lectura posible: el síntoma le estorba al sujeto y no le dice nada. Suposición y existencia se oponen, mientras que suposición y confianza tienen un lazo. El analizante le supone al analista tener un saber, saber leer, saber desear, confianza imposible de anticipar y que après coup deberá constatarse.
Es al analista a quien le corresponde el cálculo y con su acto, conducir al analizante hacia la articulación más íntima de sus significantes, de la cual extraiga un saber. En esta vía estamos en la apertura del inconsciente, lo cual se afirmaría en que: si hay supuesto al saber, hay transferencia. Sin embargo, el analista como SsS “no es Dios para su paciente”6 y debe saber, en el proceso mismo del análisis, el camino hacia el cual lo conduce. Este asunto compete a su formación y es el fundamento mismo del deseo del analista.
Ahora, ¿qué introduce Lacan con la frase que invita esta Carto-grafía? La vertiente pulsional, ineludible en un análisis y que sitúa al analista en el lugar del objeto a, semblante necesario para sostener el discurso analítico. Además, ¿no es acaso a partir de la dimensión pulsional como un sujeto se vincula con sus objetos? Afirmar esto nos permite ubicar que “el peso de la realidad sexual se inscribe en la transferencia”7. Es en esa vía que podemos hablar de la demanda en términos de satisfacción, así como de deseo como punto nodal entre el inconsciente y la realidad sexual, deseo que se desliza metonímicamente por debajo de la cadena significante y que entrevé su dimensión de goce.
Por último, la transferencia como “presentificación del cierre del inconsciente”8 función del objeto a como obturador, punto en el cual las asociaciones se detienen, transferencia negativa. ¿Cómo estar advertidos de este asunto? Una brújula para cada vez: hacer del instante en que aparecen los objetos pulsionales en el discurso del analizante la oportunidad para un acto que toque las tripas, deteniendo las asociaciones de las que se goza sinfín.
Compases
Lacan afirma en el texto La dirección de la cura y los principios de su poder que “el analista es menos libre en su estrategia que en su táctica”. Kaira, ¿Qué nos podrías decir sobre esta libertad en la práctica analítica? ¿De qué libertad se trataría?
Huella
Kaira Vanessa Gámez
Asociada NEL-Caracas
¿No hay ninguna pregunta molesta por su parte?
¿Y entonces tú qué les contestas?
¿En vez de callar precavidamente, (…)
de despertar a tiempo?”
Pacto con los muertos. Wislawa Szymborska9
En la táctica el analista está llamado a ser intérprete10 ejecutante, amo de su propio oráculo. Digamos, para partir, que el analista no es libre de actuar; su acto es libre de él. La libertad de la que se trata en la táctica es el resultado de la sujeción del analista a la disciplina de la interpretación, que implica tomar como material –interpretar– lo que ella misma ha producido11 A esta condición se anudan las que le impone su estrategia y su política. Es por ubicarse por su falta de ser y por renunciar su persona al lugar del muerto para que esta sufra la trasmutación que la transferencia hará de ella, que el efecto de su interpretación se libera de él. El actor es libre de su acto; más, el analista no es libre, en la táctica, de su condición de intérprete.
Lo que aquí, en el decir de Lacan, se prefigura de soslayo es el acto analítico como horizonte de la táctica. En la raíz de la interpretación así concebida aguarda el acto analítico por ser despejado como un acontecimiento que no existe en el nivel del Otro, que no hallará allí sus coordenadas, ni determinación alguna, más que la que él mismo introduzca en el mundo. Preciosa brújula: el acto al que estamos llamados como agentes de la interpretación no existe de antemano, no hay el momento, ni el número, ni el tipo de interpretación. Hay el acto analítico porque no hay La interpretación. El secreto de la táctica es que no está soportada en la libertad del ejecutante, sino en su acto. Libertad es el modo en que Lacan alude en este momento a la condición de posibilidad del analista mismo, esto es, a esa causa eficiente que no es sino el resto de la operación analítica que se ejerció sobre él. De allí que no tenga más oráculo que su capricho: un nombre, aquí, para el deseo del analista. La táctica, a diferencia de la técnica, convoca en el analizante al analista por venir.
En la política: la falta de ser; en la estrategia: la abnegación del muerto; en la táctica, la inconmensurabilidad del acto. He allí el mapa. El arte del analista, esa poiesis suya que trasmitirá al analizante, está hecha de la misma materialidad del acto. Si lo hay, advendrá un analizante, así como ante la pregunta de Wisława –¿Y entonces tú qué les contestas?– algún sujeto que la tome a su cargo.
En ese instante será –del analista– el producto, la respuesta, el oráculo mismo que lo decide, su huella.
Comisión boletín XV Jornadas de la NEL
Ana María Solis (Responsable)
Paúl Mata (Responsable)
Cinthya Estrada
Erick Fernández
Eugenia Flórez
Gabriela Villarroel
Martha Idrovo
Whitney Ferrufino
1 Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos II, Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 590.
2 Lacan, J. “El Atolondradicho”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 511.
3 Ibid., pp. 476-477.
4 Lacan, J., “Vers un signifiant Nouveau” Ornicar ? 17/18, Paris, Navarin, 1979, p. 10-11.
5 Lacan, J., “El Atolondradicho”, op. cit., p. 478.
6 Lacan, J., El Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2017, p. 238.
7 Ibid, p. 161
8 Ibid, p. 151.
9 Szymborska, W. “Pacto con los muertos”, Poesía no completa, México: Fondo de Cultura Económica, 2008, p. 317.
10 “Intérprete de lo que me es presentado en afirmaciones o en actos, yo decido sobre mi oráculo y lo articulo a mi capricho, único amo en mi barco después de Dios, y por supuesto lejos de poder medir todo el efecto de mis palabras, pero en esto precisamente convertido y tratando de remediarlo, dicho de otra manera, libre siempre del momento y del número, tanto como de la elección de mis intervenciones, hasta el punto de que parece que la regla haya sido ordenada toda ella para no estorbar en nada mi quehacer de ejecutante, a lo cual es correlativo el aspecto de “material”, bajo el cual mi acción aquí toma lo que ella misma ha producido.” Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2, Siglo XXI, México, 2009, p. 561-562.
11 “(…) a falta de lo cual el análisis se quedaría en una sugestión grosera.” Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, op. cit., p. 565.


