Comentario acerca del argumento de las XVI Jornadas de la NEL 2026: “La metáfora paterna”[1] para conversar

Claudia Velásquez*

Agradecimiento

Agradezco la invitación a este trabajo de comentar con ustedes el argumento de las Jornadas, pues me pone en otra posición respecto al mismo. Lo digo porque participé de lecturas y conversaciones previas con la Comisión encargada del mismo, que desembocaron en el escrito en su versión final, gracias principalmente a Viviana Berger, responsable de la Comisión. Ahora vuelvo al producto para hacer un comentario y conversar; implica entonces tomar un nuevo lugar frente al texto. Además, si el argumento tal como se presentó fue una reducción de un trabajo amplio de lecturas y encuentros en la conversación, ahora vamos a iniciar el camino inverso, vamos a abrir y expandir el escrito; de alguna manera, es también volver sobre aquellas conversaciones que sostuvimos con los colegas en la Comisión, a lo que se suma, lo que se ha seguido trabajando en la Escuela, en dirección de las Jornadas. La formación continua y continúa.

Núcleos del argumento

Tenemos un argumento, vamos a comentarlo, a ampliarlo, a hacerlo hablar, a que diga un poco más, a interrogarlo, a extraerle un decir que nos oriente respecto al tema de la Metáfora Paterna, al que hemos sido convocados, para investigarlo, leerlo, ir a sus fuentes, a sus inicios, a su actualidad en nuestra práctica y sus implicaciones. Un texto en el cual sus agujeros causan el deseo de saber un poco más y por tanto, de proponer nuevas elaboraciones.

Para ello propongo entonces situar los núcleos del argumento, aquello sobre lo que él mismo parece estar construido. Y luego de algunas afirmaciones que da el texto, extraer sus significaciones, lo que nos evoca, las relaciones a las que nos lleva, las preguntas, sus puntos oscuros y sus claridades.

Como núcleos del argumento, que podemos decir son los S1 del texto, los puntos de partida que dan el arranque para irles enlazando otros significantes, propongo los siguientes; que igualmente marcan lo que podría ser una ruta de investigación de corto y largo aliento.

  1. El Complejo de Edipo de Freud y su paso hacia la Metáfora Paterna (MP) en Lacan; o “Sobre la MP extraída del Complejo de Edipo”.
  2. La función resaltada del Padre, del Nombre del Padre (NP) en la Metáfora Paterna y sus transformaciones en la enseñanza de Lacan, que van de la mano del sujeto y su época; o “Sobre la función NP, ella misma impactada y sus transformaciones en la enseñanza de Lacan”.
  3. La función del NP y la MP en la dirección de la cura, no sin el lugar del analista; o “Sobre el análisis y el psicoanalista, en relación con el NP”

Estos núcleos nos dan un panorama en torno a lo cual podemos conversar.

  1. Sobre la Metáfora Paterna extraída del Complejo de Edipo

En el Complejo de Edipo nos encontramos con la pareja parental, papá y mamá, sobre la cual un hijo, hace su relato. En ese relato de la pareja parental tal como se le presenta al hijo, Lacan encuentra una “proporción”, la única que parece que hay, dice Miller, y es lo que Lacan llama Metáfora Paterna.[2]

Esa lectura de una “proporción”, que Lacan encuentra en el relato Edípico freudiano, implica que ese papá y mamá, no son ya las personas que están en casa (o se ausentaron y nos abandonaron, o fallecieron, o…) sino elementos que el sujeto pone en relación al interior del lenguaje, que es una estructura; y esos elementos, por ser elementos de lenguaje, son lo que llamamos significantes.

Entendemos por estructura un sistema conformado por elementos, lugares y funciones, en el que los elementos establecen relaciones entre sí, se definen por ellas y por el lugar que ocupan. Así, un relato hecho de palabras en una lengua cualquiera, sobre personas de una realidad determinada, lo podemos llevar a la estructura que le subyace y lo compone.

Dicho de otra manera. Pasar del relato a la estructura, efecto de la concepción de un inconsciente estructurado como lenguaje, permite situar el padre y la madre como significantes, Padre y Madre, y por tanto definirlos es sus funciones, relaciones, lugares. Y si en esa relación estos significantes hacen para el sujeto una proporción social no sexual,[3] tenemos la MP.

El asunto de la “proporción” es importante, pues es también lo que por escucharlo en el relato, permite pasar a los elementos; tal como lo conocemos en el campo de las matemáticas:

A es a B, lo que C es a D

El Padre, no es un significante cualquiera, sino un significante que se caracteriza por marcar un inicio, un cambio de lógica: de la lógica materna caracterizada por el significante que se presenta de forma metonímica, en un deslizamiento infinito, a la lógica del significante que produce metáfora, sustitución de uno por otro; que hace del enigma un Deseo Materno (DM). No es que la lógica metonímica desaparezca, sino que con el ingreso del NP, se da inicio a una nueva lógica, diferenciada de la anterior. Ellas coexisten en el inconsciente. Y cada una a su modo, determina las formas de relación del sujeto con el mundo.

Este significante llamado NP, no solo es localizado en relación a la estructura, a una lógica, sino que, por ello mismo, tiene un efecto en el goce del sujeto. Podemos decir entonces que este significante al expresarse en un dicho o palabra, con él se hace un relato, una historia de papá, mamá, hijos. Pero por tratarse de un significante que nombra, que da nombre, y él mismo tiene su nombre, Padre, al operar como tal, produce una marca en el goce. Ese goce primario en el sujeto, del que participa la madre, queda impactado por este significante, es un goce que queda bajo la lógica de una pérdida.

Dicho de otra manera, el Padre como significante cumple una función: la de obstáculo. Y la Madre, como significante, es el significante del objeto primordial.[4] El NP hace obstáculo a la relación del sujeto con ese objeto primordial, a esa relación de goce primario, en el que imaginariamente se hace existir la completud. Entonces, función de obstáculo y prohibición del NP.

De allí que a este significante NP, por la operación que realiza en la MP, se le atribuya un papel fundamental como operador simbólico. Operación simbólica de separar al sujeto de aquel goce primario, quedando así el goce marcado por una falta. La experiencia de la pérdida que produce el significante en la MP, es una perdida que se inscribe como significación. La significación es aquello que se lee como “eso significa algo”, aunque no se sabe qué, en todo caso, significa algo. El fantasma por ejemplo, significa que se recupera eso perdido.

Pero, además, esa significación efecto de la MP recibe el adjetivo “fálica”, significación fálica, por cuanto el efecto de esa operación del NP se da a ese nivel, a nivel del significante. Un significante que falta, significante que diría del deseo en su relación con el goce perdido. Ya queda, del lado del sujeto, situarse frente a ello del lado del ser, del lado del tener; por ejemplo: tengo el falo pero no lo soy, soy el falo pero no lo tengo.

Entonces, esta operación del NP, es realizada bajo la forma de la metáfora. Una sustitución que opera de manera tal que produce un efecto nuevo, un sujeto diferente; se podría decir que hay un antes y un después. De allí esa dimensión de acto que opera ese significante sobre el sujeto. El sujeto nuevo que nace de allí, es el sujeto del deseo, ese que en tanto algo ha perdido, puede desear.

2. Sobre la función NP, ella misma impactada y sus transformaciones en la enseñanza de Lacan

El argumento nos propone situar al padre en la época actual, en la cual no sale muy bien librado. Habla de “declinación, caída”, podríamos agregar otras expresiones como “pluralización”. Y están los efectos que ello produce en el sujeto, que se pueden condensar, bajo cierta perspectiva, en la expresión “Soy lo que digo”. ¿Cómo se entiende esta frase? Que la palabra dicha, dice el ser; que no hay un decir más allá del dicho; que no falta el significante que me diga lo que soy; que quien habla es un ser sin fisura, sin falla, al que falta la falta; que allí el inconsciente está cerrado, o tal vez, rechazado; que quien habla es el Yo, pura función de desconocimiento del inconsciente, Uno de la totalidad y de la completud. Cae el Padre en tanto significante y se eleva el padre de la realidad, sostenido por lo imaginario. Por tanto, la operación metaforizadora del goce, del enigma materno, queda un poco a medio camino, descaminado, no realiza con eficacia su función de obstáculo a lo materno, función simbólica que hace del enigma Deseo.

¿Cómo entonces no actualizar ese NP, su papel en la MP, en lo que hace a nuestra práctica?

El argumento propone algunas formulaciones en la enseñanza de Lacan respecto al NP, que podemos poner en relación con lo que acontece al sujeto de nuestra época; ellos son:

  • NP: significante de la ley en el
  • No hay Otro del Otro: de la consistencia a la
  • NP: un
  • Reformulación de la MP: A tachada/ a
  • El NP: agente de la castración, que es la lengua misma, el lenguaje, el súper

Esto me hace pensar que, si bien el NP es un impacto significante sobre el sujeto y su goce, él mismo, el NP, ha sido impactado. Hay hoy una dificultad para hacer del padre un significante, y, por tanto, una dificultad para intervenir sobre ese goce primario.

3. Sobre el análisis y el psicoanalista, en relación con el NP

El argumento deja con estilo provocador, el continuar las elaboraciones en torno a cómo el NP interviene en un análisis, en cuanto a la transformación de la relación del sujeto con su goce. Dejémonos provocar y arriesguemos algunas ideas.

Podemos ampliar la formulación de la pregunta: si la función originaria del NP es transformar el goce primario en otro goce pasado por la castración, que trae como efecto la emergencia del sujeto deseante, ¿cómo ello puede operarse en la cura de la que se espera un cambio de relación del sujeto con su goce?

Si mantenemos la idea del NP como un significante que marca un inicio de algo nuevo, un punto de partida, este significante connota la dimensión del acto, del que tenemos esa concepción de ser aquello que marca un antes y un después. Si partimos de que hay marcas imborrables ¿qué hacer con lo imborrable que impactó y afectó la existencia? No queda más que inventar cómo hacer con ello. Por supuesto, ese hacer, lleva en sí la marca, que es lo que entendemos como un hacer de modo sintomático. Entonces el análisis estaría, de cierta manera, en dirección de despejar esa marca producida por el significante del NP, que abre al sujeto la posibilidad de una separación de aquello a lo que se alienó en un primer momento.

En el análisis, algo también se produce por primera vez, un inicio de un vínculo social inédito que el sujeto establece con un analista, llamado transferencia. Un vínculo con algo diferente a una persona, vínculo con un operador que como el NP, opera con el significante: para producir giros, movimientos de un discurso a otro, discurso analítico, inicios de nuevas significaciones, caídas de ideales e identificaciones, movimientos del deseo,… hasta incluso la emergencia del Deseo de analista, en algunos casos. Así, podemos ver un punto de encuentro entre el analista y el Padre, por supuesto desde esta perspectiva del uso del significante, que marca un paso a otra lógica. Pero se diferencia de manera radical, en tanto el uso del significante es en la perspectiva de un separador, para como dice Lacan, “alcanzar la diferencia absoluta”, es decir, llevando el significante a su propio límite, donde ya no metaforiza sino que queda como pura marca, sin significaciones, ni sentidos. Y de esta manera, impactar el goce.

Si el NP es la incidencia del lenguaje como ley sobre el goce, ordenándolo, limitándolo, agujereando al Otro, así en el análisis, el lenguaje manifiesto en la asociación libre, será el campo para la generación de un significante que el analista en su intervención hace escuchar al sujeto, lo extrae del mar de significantes como S1. Allí opera al modo del NP en ese sentido, no en el de una prohibición de goce debido a una ley sino como un recorte de goce efecto del significante. Además, como dice Miller, en la ley de la asociación libre el sujeto está obligado a simbolizar la experiencia;[5] es el NP en tanto ley simbólica del lenguaje.

Subrayo esta idea del acto. Allí se juega la dimensión del acto: inventar un inicio es un acto, que algo comience es esencial al acto, la separación estructura el acto; el acto de renovación concierne a la metáfora paterna,[6] inventar un recurso donde no-hay.

El psicoanalista es una creación de Freud, su obra de arte, el producto de su saber, y esa creación se repite en cada análisis.[7] ¿Será acaso la invención del psicoanálisis y el psicoanalista el sinthome de Freud? ¿lo que hizo más allá del Padre pero sirviéndose de él? Me pregunto, es solo una ocurrencia-fantasía que les comparto.

* Psicoanalista en Medellín, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[1] Texto para conversar con la Sección NEL-Ciudad de Guatemala, julio 21 de 2026.

[2] Miller, J.-A., Observaciones sobre padres y causas”, Introducción al método psicoanalítico, Paidós, Buenos Aires, 1997, p. 144.

[3] Ibíd., p. 142.

[4] Ibíd., p. 146.

[5] Ibíd., p. 148.

[6] Marcelo Barros, Intervención sobre el Nombre del Padre, Grama, Buenos Aires, 2014, p. 9.

[7] Miller, J.-A., “Observaciones sobre padres y causas”, Introducción al método psicoanalítico, óp. cit., p. 144.

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