Metáfora paterna: Superyó, goce femenino y síntoma.

Editorial

Los textos que integran Caracol(a) N.° 3 se orientan por una pregunta común: ¿qué permite leer la metáfora paterna sobre la clínica del superyó, el goce femenino y el síntoma?

Desde distintas perspectivas, las autoras nos responden. Claudia Velásquez interroga una ¡imagen voraz!; Cinthya Estrada examina las escarificaciones y las adicciones como modos posibles de tratar la pulsión, y Jessica Jara nos acerca a las invenciones que cada sujeto produce para introducir un freno, un borde o un anudamiento frente a aquello que lo desborda.

Estas contribuciones permiten explorar los alcances y los límites de la metáfora paterna.

¡Buena lectura!

Diana Ortiz
Paulina Salinas

UNA NOTA SOBRE LA MADRE-COCODRILO

Claudia Velásquez*

Tenemos en la escena del mundo un personaje llamado “madre”, que concibe y da a luz. Ese humano al que da la vida, no por nacer, queda separado de ella. Topológicamente hablando, queda en un espacio abierto. Lógicamente, queda en lo no-escrito. Pulsionalmente, queda en el “ciclo de la producción maternal” metonímica, con lo que de infinito evoca la metonimia [1]. Míticamente, queda dentro de las fauces abiertas de un cocodrilo. ¡Qué imagen voraz!

Este personaje madre-cocodrilo no se reduce a parir, su principal papel es desear. Inmóvil, repentinamente y sin razón, cierra sus fauces. Come animales vivos, sin masticar, sin lengua y con la mordedura más fuerte del reino animal, destroza, traga, es-traga.

Alteridad de un orificio abierto sin límite, que puede engullir y fusionarse con lo atrapado. ¿Es acaso el estrago de este deseo, la no diferenciación deseo-goce?

Hay en Lacan “un desplazamiento del estrago como efecto del deseo materno, devastador, al estrago como efecto del goce femenino, arrebatador”[2]. ¿Es lo estragante del deseo materno, lo femenino del goce que habría en él?

El cierre de las fauces puede trabarse por algo que está allí “en potencia”, que puede operar o no, en el instante mismo del cierre. Un “palo” que se atraviesa entre las fauces y lo que está a punto de ser tragado. Esta “protección” la da, significar en términos de falta, lo no situable en el campo abierto del sin-límite. En la lógica significante, el palo mítico es el falo.

El estrago del deseo materno, cuando el palo no es de “piedra”, se manifiesta en cierta fragilidad del sujeto, en relación a los afectos, al quedar tomado por ellos en su dimensión imaginaria, en el momento del desencuentro estructural con la alteridad, desde la explosión irrefrenable de ira, hasta la angustia paralizante, pasando por la tristeza y depresión que anula el deseo; incluso cierta imposibilidad para el sentimiento amoroso.


* Psicoanalista en Medellín, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[1] Barros, M., Intervención sobre el Nombre del Padre, Grama, Buenos Aires, 2014, p. 7.

[2] Borderías, A., “Modalidades del estrago”, Scilicet. No hay relación sexual, Grama, Grama, Lima, 2026, p. 292.

¿QUÉ NOS ENSEÑAN LOS SÍNTOMAS CONTEMPORÁNEOS ACERCA DE UN GOCE QUE NO SE DEJA INTERPRETAR POR LA VÍA EDÍPICA?

Cinthya Estrada*

Dos síntomas de la clínica contemporánea me llaman particularmente la atención por su frecuencia: las escarificaciones y las adicciones a diversas sustancias como el alcohol y las drogas. Ambos síntomas pueden ser transestructurales, es decir, pueden interpretarse por la vía edípica –de manera diferente en cada caso por supuesto. Pueden leerse como un llamado identificatorio imaginario a los semejantes, amigos(as), etc., (por cierto, principalmente femenino en el caso de las escarificaciones) de a-a´. Se trataría de una solución “a la moda”, una manera de buscar un límite marcando, impactando, el cuerpo.

Estos síntomas los vemos en sujetos que cuentan con un significante amo, un S1 que organiza, que capitona, capaz de responder o al menos insinuar una respuesta al enigma del deseo del Otro. En las escarificaciones, puede tratarse de un cuerpo embrollado, pero no deshecho, y del lado de las adicciones de una dificultad de hacer con la pulsión, una búsqueda de satisfacción inmediata que encuentra en mayor o menor medida un límite. En ambos casos es un tratamiento de la pulsión mediado por el orden simbólico. En una cura, la apuesta consistiría en reinstaurar un lugar a la palabra, a la motérialité de la palabra y sus efectos significantes en el anudamiento, vía la transferencia.

También encontramos estos síntomas cuando la respuesta al deseo enigmático del Otro queda del lado de la forclusión. Los cortes en el cuerpo pueden ser las marcas en lo real de un intento de hacer consistir o hacerse un cuerpo, mientras que las adicciones responden a un goce ilimitado, llevado hasta el consumo del propio sujeto, un imperativo de goce insaciable. Se trataría de un goce feroz, sin mediación posible o efectiva y sin lazo con el Otro, “el goce no abre hacia el Otro […] el goce como tal es fuera de lazo social, no tiene vía de acceso al Otro” [3]. Observamos que las escarificaciones pueden compartir la lógica de las adicciones, en tanto responden a una búsqueda incontrolable de satisfacción que se cierra sobre sí misma, sin lazo al Otro y sin constituir un llamado.


* Asociada a la NEL-Ciudad de México.

[3] Miller, J-A., “La Jouissance, nouveau concept”, Quarto, N°141, 2025, p. 8.

CUANDO INVENTAR ES IMPERATIVO

Jessica Jara*

El Nombre del Padre viene a ordenar las cosas al coordinar el goce con el falo, es decir, introduciendo la operación de la castración y habilitando el deseo. En Clínica del Superyó, Miller agrega: “muchas cosas interesantes ocurren cuando el falo no es el significante del goce”. [4] Esas “cosas interesantes” son del orden del soberbio delirio de Schreber y de los pasajes al acto como el de Aimée, que tienen efectos sobre su posición o vienen a “nombrar” al agente del acto en el mundo de las noticias sensacionalistas.

Lacan precisa que el superyó es el llamado al goce puro, a la no-castración, y así nos presenta el mandato bíblico: Goza de la vida con la mujer que amas, para indicar que este es el colmo de la paradoja; pues, por amarla surge el obstáculo.[5] Y si hoy el capitalismo forcluye las cosas del amor, ¿se eliminaron los obstáculos al superyó?

Con relación al amor como obstáculo al goce, podríamos anotar que es el amor el que permite hacer condescender al goce en deseo. Pero, también, tenemos una indicación más encarnada en RSI: el padre es digno del respeto y del amor por hacer de una mujer causa de su deseo; esto tiene efectos en los pequeños a, esos objetos de goce de la madre. En tiempos de parentalidades y “mapaternidades” habrá que ver quién viene al lugar del carisma, del que impacta en la familia o… algo mejor.

Ante el empuje del superyó a gozar sin obstáculos, la clínica nos muestra lo imperativo de inventar un freno singular, como dice un paciente: “aunque sea uno de mano”; esto es más interesante a que el Otro judicial-policial imponga órdenes de alejamiento. Un profesor busca “cómo dosificar el discurso para que no se me vea como un sanguinario”. Un padre reinventa un lugar: “estar un poco al margen” para evitar el choque con su hijo adolescente. Una mujer joven acude porque el tiempo, el dinero y la presencia están desorganizados… Se trata de inventar nuevos diques y
canales, bajo transferencia.

El documental de Netflix sobre Rafael Nadal permite acercarse a su relación con la exigencia, el dolor y el mandato de continuar, hasta el momento en que el cuerpo introduce un límite imposible de desconocer. Su recorrido invita a interrogar qué sostiene a un sujeto frente al empuje superyoico y cómo inventar otra relación con el deseo cuando ya no puede responder del mismo modo.

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* Psicoanalista en Guayaquil, Ecuador. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[4] Miller, J.-A., Recorrido de Lacan, Manantial, Buenos Aires, 1986, p. 142.

[5] Lacan, J., El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 164.

Comisión Boletín XVI Jornadas de la NEL

  • Diana Ortiz (Responsable)
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