¿Qué enseña la metáfora paterna sobre las parentalidades?

Editorial

Los textos reunidos en Caracol(a) N.° 2 se articulan en torno a una pregunta que orienta la lectura y la conversación: ¿qué enseña la metáfora paterna sobre las nuevas parentalidades? Con el propósito de abrir este interrogante desde distintas aristas, invitamos a dos colegas a elaborar una reflexión a partir de una pregunta que funcione como punto de partida. Sus contribuciones nos convocan a bordear el tema, explorando las incidencias de la metáfora paterna frente a las transformaciones contemporáneas de las formas de filiación, las configuraciones familiares y las modalidades del deseo.

En la contemporaneidad, el orden social regido por algoritmos e imperativos de goce ha desplazado los antiguos ideales familiares. Ante este escenario, es crucial entender que la familia y el parentesco se diferencian radicalmente de la biología y del matrimonio; la paternidad no es un hecho natural, sino una posición subjetiva. Eric Laurent destaca la parentalidad como un neologismo del siglo XX, y como esta palabra desborda el estatuto simbólico de ser padres como estatuto legal, señala que parentalidad está más bien del lado de lo real. Nos invita por lo tanto a poner el acento sobre la interacción del niño con sus padres en su variedad. Los textos compartidos, nos permiten poner un acento sobre este punto.

Jaime Castro ilumina cómo la familia opera como una suplencia ante lo imposible, donde lo verdaderamente determinante es si quienes ejercen las funciones parentales adoptan al hijo -y si el hijo los adopta a ellos- más allá de su origen genético. La función paterna no se reduce a una identidad fija, sino que actúa como una operación de sustitución que separa al niño del objeto primordial. Aunque la época actual promueva una “utopía” de experiencias sin límites, el malestar persistente demuestra que la función parental no se sostiene en la biología ni en el consenso, sino en el lenguaje mismo. El padre sigue siendo el garante que permite nombrar la función de la no relación sexual frente a lo real de lo imposible. En última instancia, lo esencial para un hijo es ubicar a alguien que encarne un deseo no anónimo, que se manifieste en palabras y actos.

Por su parte Katya desarrolla cómo esta transmisión no es solo una historia de sentido, sino que se asienta en lalengua: ese eco de palabras que impactan el cuerpo antes de producir significación. Así, las nuevas ficciones familiares no detienen el engranaje de la subjetividad, sino que hacen latente el mecanismo de la nominación como una invención singular frente al vacío de la naturaleza.

¡Buena lectura!

Diana Ortiz
Paulina Salinas

UN DESEO NO ANÓNIMO

Jaime Castro*

Es un hecho que hay cambios profundos en el orden social. Tenemos grandes desarrollos científicos y técnicos, conexiones impensables regidas por algoritmos que inciden en la vida cotidiana. El dinero, se erige sin ningún tapujo como un imperativo desde donde se gestiona la geopolítica mundial. En ese contexto, la familia organizada en torno a ideales identificatorios, da paso a imperativos de goce que brindan identidades ¿Cómo orientarnos?

La familia como institución [1] y el parentesco se diferencian de la familia biológica; por ende, se diferencian del matrimonio como institución. La paternidad y los sentimientos que puedan surgir allí tampoco son naturales. Así, la cuestión es si quienes cumplen las funciones de padre y madre, adoptan a ese hijo.

Nos orientamos por la idea de que las familias son “un modo de suplencia” [2] ante la imposibilidad de escribir una proporción entre los sexos. Esto también implica el interrogante de que un hijo biológico o proveniente de un banco de gametos, se verá si se le adopta o no. Lo anterior sucederá del mismo modo de parte del hijo hacia sus padres.

Es en esa perspectiva que la noción de parentalización de Miller [3] puede tomarse como la posición que asumen los parlêtres que encarnan las funciones familiares, no solo a nivel simbólico e imaginario, sino también a nivel del goce que circula en la familia, cualquiera sea su forma. Por lo tanto, me interrogo si la parentalización implicaría no solo los imposibles que se juegan al interior de la familia, sino también los arreglos sintomáticos de los integrantes de la familia.

Lo esencial de la metáfora paterna es la operación de sustitución entre dos funciones que introduce una separación del hijo del objeto primordial. La pregunta, entonces, es quién o qué ocupa esas funciones de padre o madre para ese nuevo sujeto.

En esa vía, sea que se provenga de unos padres biológicos, de padres adoptivos o de un banco de semen, lo esencial para un hijo será poder ubicar quién encarna un deseo de hijo, no anónimo, que se haga vivo en la palabra y en los actos.


* Psicoanalista en Cali, Colombia. Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

[1] Lacan, J., “Los complejos familiares en la formación del individuo”, Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 37.

[2] Berenguer, E., El lugar de la familia en la actualidad: Desanudamientos y reanudamientos, https://elp.org.es/el_lugar_de_la_familia_en_la_actualidad/

[3] Miller, J.-A., “Observaciones sobre padres y causas”, Introducción al método psicoanalítico, EOLIA-Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 147.

¿QUÉ OPERA EN LAS NUEVAS PARENTALIDADES?

Katya Schwarzenberg*

Si la metáfora paterna es una operación que tiene como producto la significación fálica del sujeto, [4] ¿qué nos muestran las nuevas parentalidades acerca del engranaje requerido para su funcionamiento y resultado? Eric Laurent, en el curso Piezas Sueltas de Jacques-Alain Miller, sostiene que en el siglo XXI presenciamos una utopía que propone la posibilidad de experiencias sin el marco de lo imposible. Esto, se podría decir, como un empuje por ser incautos en el uso convencional de los nombres. Un mundo en el que nombrar prescinda de resistencia o residuos. [5]

A pesar de los esfuerzos por el borramiento de la función paterna en una época donde ya no es necesaria, ni siquiera la reproducción biológica para engendrar un hablante, el malestar no cesa. Esto verifica que la función parental no se sostiene por la biología o el consenso, sino en aquello que se habita en el lenguaje mismo, en tanto invención singular que nomina lo que no se deja de clasificar.

El recambio de los significantes que sustituyen los nombres tradicionales de la parentalidad, produce nuevas ficciones familiares, sin que ello detenga el engranaje que lo hace operativo. Se hace latente lo que antes se difuminaba en la cháchara asociada a la “naturaleza”. Advertimos entonces que el mecanismo de la nominación opera al introducir un agujero en lo real y ello deja un resto de goce [6] que ningún acuerdo entre hablantes logra disolver. Allí, la reescritura de Lacan sostiene su vigencia: “El padre es el garante de que, frente a la relación sexual imposible, él permitirá nombrar la función de la no relación sexual”. [7]

Las nuevas parentalidades nos enseñan que más allá de sus ropajes, toda crianza reposa sobre un sustrato que antecede incluso a la ficción familiar: lalengua. En tanto seres hablantes, estamos habitados por el eco de palabras que hicieron cuerpo antes de hacer sentido. El valor de la transmisión familiar no opera solo vía su cara de ficción de la historia comprendida por el lado del sentido, sino que allí también habita la relación con lalengua, la cual hace posible la novela. Precisamente ahí es donde la operación analítica sitúa su acción en la relación corporal. [8]


* Miembro Bajo Condiciones de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL), Santiago de Chile, Chile.

[4] Lacan, J., El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1991.

[5] Miller, J.-A., Piezas sueltas, Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 357-373.

[6] Lacan, J., (1974-1975) Seminario 22 “RSI”, Inédito, clase del 15 de abril de 1975.

[7] Miller J-A. Piezas sueltas, óp. cit., p. 403.

[8] Ibíd., pp. 394-395.

Comisión Boletín XVI Jornadas de la NEL

  • Diana Ortiz (Responsable)
  • Paulina Salinas (Responsable)
  • Beatriz García Moreno
  • Yndira Parra
  • Jorge Santiago
  • Pilar Santoyo
  • Diego Tirado

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