
LA ODISEA CONTEMPORÁNEA DE LA SIGNIFICACIÓN FÁLICA
Viviana E. Berger*
Lo que les traigo hoy da precisamente un poco más de precisión a la noción de padre simbólico. Es esto -una métafora-. Una metáfora, ¿qué es? Digámoslo enseguida para ponerlo en esta pizarra, lo cual nos permitirá rectificar las consecuencias escabrosas de la pizarra. Una metáfora, ya se los he explicado, es un significante que viene en lugar de otro significante. Digo que esto es el padre en el complejo de Edipo, aunque deje atónitos a algunos. Digo exactamente -el padre es un significante que sustituye a otro significante. Aquí está el mecanismo, el mecanismo esencial, el único mecanismo de la intervención del padre en el complejo de Edipo. Y si no es en este nivel donde buscan ustedes las carencias paternas, no las encontrarán en ninguna otra parte. La función del padre en el complejo de Edipo es la de ser un significante que sustituye al primer significante introducido en la simbolización, el significante materno” [1]
Introducción
¿Qué hace que la epopeya homérica, una obra con cerca de veintiocho siglos de antigüedad, logre imponerse hoy día en la pantalla grande? Por supuesto, no alcanza con la monumental puesta en escena para el público masivo de las aventuras y hazañas del astuto e ingenioso protagonista. A mi modo de ver, Christopher Nolan produce un verdadero cine de autor al arriesgar una relectura del texto original para interpretar, con una profundidad sorprendente, el atribulado mundo contemporáneo.
Las XVI Jornadas de la NEL, de alguna manera, nos desafían a un ejercicio similar: explorar en perspectiva La metáfora paterna, introducida por Lacan en sus primeros seminarios (1956-1958). ¿Cuál es su vigencia hoy a la hora de pensar las nuevas formas sintomáticas que se presentan en la clínica y de obrar en las curas que dirigimos?
En 1938, Lacan [2] introduce la idea de una declinación social de la imago paterna –de la figura del padre tradicional– vinculándola con las transformaciones de la familia moderna y alertando sobre sus incidencias críticas. Asimismo, durante el siglo XIX, con el desarrollo del mercantilismo capitalista y las ciencias, ya se perciben signos en detrimento del viejo orden dominado por las figuras de Dios y del Rey. Será en 1968, en la Nota sobre el padre cuando, finalmente, Lacan introducirá la idea de la evaporación del padre.
Recientemente, Jacques-Alain Miller planteaba que, después de haberse constatado la evaporación del padre, comenzamos a ver cómo esa evaporación se extiende también a la función materna. ¿Será, entonces, que se evaporará también la metáfora paterna y sus consecuencias? Esto es: la transmisión de la significación fálica, del deseo, de una posición sexual. El cambio de paradigma, evidentemente, tendrá incidencias en lo más íntimo del ser: el asunto no es sólo clínico sino también, estructural
Odiseo
Hace 3.000 años, la profanación de la Ley Sagrada, la Ley Fundamental, implicó para Odiseo una pausa de 10 años hasta poder regresar a Itaca. La ofensa que le causó a Poseidón despertó la ira del dios y, en consecuencia, sufrió el castigo divino que lo forzó a superar múltiples pruebas hasta comprender y, finalmente, poder regresar a su hogar para reintegrar el orden en el reino, a punto de colapsar.
El Odiseo de Nolan paga “por sus pecados y por sus excesos” y supera el descrédito del patriarca, para devenir el padre que completa el tercer tiempo del Edipo, ofreciendo una estructura simbólica al deseo: “El tercer tiempo es lo contrario del padre que priva, es el padre que da, el padre que tiene y que da, que hace la prueba de su potencia”.[3] Continúa Lacan: “Aquí es una especie de licet habere, “está permitido tener”. Y ya que estamos hablando de esto, todos conocen esa expresión latina popularizada por los anglosajones, habeas corpus, aquí se trataría del habeas phallus. Esto es lo que brilla en este seminario”.[4] Telémaco heredará un reino ordenado, un saber sobre la potencia, una identificación viril y un deseo que no será anónimo.
La caída del orden simbólico
El VIII Congreso de la AMP que tuvo lugar en el año 2012, llevó por título El orden simbólico en el siglo XXI No es más lo que era ¿Qué consecuencias para la cura? Nuestra civilización no se funda en la ley de Zeus sino en la ley del significante. Somos seres hablantes y, por el hecho de hablar, estamos atravesados por el lenguaje. Ello implica muchas cosas que dan su esencia al ser humano, entre ellas, fundamentalmente, el inconsciente. El inconsciente, como sabemos, fue descubierto por Freud de la mano del complejo de Edipo, reconociendo así al padre como función estructurante del mundo humano y al falo “en tanto que ocupa un determinado lugar en la economía del desarrollo del sujeto y es el soporte indispensable de la construcción subjetiva como eje del complejo de castración y del Penisneid” [5] y tiene un papel prevalente “en cuanto representante del deseo en su forma más manifiesta”. [6]
Si asumimos la clínica como sismógrafo [7] de las evoluciones del sujeto, debemos tomar en cuenta las estimaciones de la OMS . Según dicho organismo, para el año 2030 la depresión será la principal causa de problemas de salud a nivel mundial. Sin duda, ¡la deflación del deseo debilita el enganche a la vida! Cito a Lacan: “lo que se presenta en el falo es lo que, de la vida, se manifiesta de la forma más pura como turgencia y empuje. Tenemos ciertamente la impresión de que la imagen del falo está en el mismo fondo del término de pulsión que manipulamos para traducir el término alemán Trieb. Es el objeto privilegiado de la vida, y su nombre griego lo emparenta con todo lo relacionado con el flujo, la savia, incluso con la propia vena”. [8]
¡Cuántas consultas recibimos, especialmente, de púberes, cuando confrontados con el encuentro con el Otro goce, se devela la imposibilidad de producción de su significación! Las consecuencias: pasajes al acto, cortes en el cuerpo, ataques de pánico, violencias, consumo de estupefacientes, actings out sexuales. No son sino estallidos en acto de un profundo desasosiego que denuncia tanto la precariedad de la capacidad de simbolización como la fragilidad de las redes afectivas capaces de alojarlos.
Lacan reconoce en el falo “el significante fundamental”. Cito: “La función constituyente del falo en la dialéctica de la introducción del sujeto a su existencia pura y simple y a su posición sexual es imposible de deducir si no hacemos de él el significante fundamental por el que el deseo del sujeto ha de hacerse reconocer como tal deseo, trátese del hombre o de la mujer. El hecho es que el deseo, sea cual sea, tiene en el sujeto esta referencia fálica”. [9] Y agrega: “Esto no es algo deducido. Lo aporta la experiencia analítica. Es lo esencial del descubrimiento de Freud”.[10]
¿Una sociedad del síntoma?
Entonces, si el falo es un significante -más aun: “el significante fundamental” que representa y organiza una determinada posición dentro del campo del deseo y que, además, tiene una función constituyente, ¿qué acontece cuando tambalea el proceso por el cual el sujeto se inscribe en el orden simbólico como alguien que desea? Si hacemos como Nolan –sin imitarlo–, debemos rechazar los augurios del caos y los vaticinios del fin de la civilización, para suponer que, aun cuando el orden significante soportado por el Nombre del Padre pierda el fundamento que lo constituye, algo vendrá a ese lugar para soportar un nuevo orden. ¿Será que otros semblantes sustituirán al Padre en tanto ley y al falo en su función de significante del deseo?
Por otra parte, cabe aclarar que, contrariamente a todo prejuicio, Lacan no es en absoluto ni un devoto ni un militante del Nombre del Padre. “Más bien constata sus límites con respecto a lo real y el goce, para terminar mostrando que hay vías mediante las cuales el sujeto puede obtener una solución vivible ante lo real, sin el imprescindible recurso al padre, como es el caso del síntoma”.[11]
Ello nos orienta hacia el no-todo como forma de organización del mundo, “el síntoma que organiza el mundo, y eso, es para cada uno”.[12]
* Psicoanalista en Ciudad de México, México. Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
[1] Lacan, J., El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, pp. 178-179.
[2] Lacan, J., “Los complejos familiares en la formación del individuo”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.
[3] Miller, J.-A., Lectura del Seminario 5 de Jacques Lacan, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 60.
[4] Ibíd., p. 62.
[5] Lacan, J., El Seminario, Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1999, p. 354.
[6] Ibíd., p. 355.
[7] De Georges, Ph., “¿Apocalipsis? ¡No!”, El orden simbólico en el siglo XXI. No es más lo que era. ¿Qué consecuencias para la cura?, Volumen del VIII Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, Grama ediciones, 2012, p. 215.
[8] Ibíd., p. 355.
[9] Ibíd., p. 281.
[10] Ibíd., p. 282.
[11] Borderías, A., “Declinar del padre, declinar al padre”, Revista El Psicoanálisis nº9, ELP.
[12] Laurent, E., El Superyó a medida: sobre el nuevo orden simbólico en el siglo XXI, Entrevista con Eric Laurent (París), https://elp.org.es/el-superyo-a-medida-sobre/

